Apuntes para un estudio sobre la educación musical en Venezuela.
Por el Profesor: Jorge Isaac Benzaquén Bencomo.
Día a día las estrategias pedagógicas están tomando mayor importancia. Ya para muchos investigadores no basta desarrollar metodologías que aseguren la aceptación por parte del alumno de toda la cantidad de aprendizaje que él deba retener, sino darle herramientas básicas para desarrollar técnicas propias con miras a un mejor aprovechamiento de los temas tratados y su posterior aplicación en un área de estudio o trabajo.
Por ejemplo: ¿Qué sentido tiene enseñar a un grupo de participantes de un curso de álgebra, cientos de fórmulas, si después no saben aplicarlas? ¿No sería más provechoso enseñarle como deducir estás fórmulas y luego, ya comprendidas aplicarlas? Así mismo sucede con la música.
Las escuelas tradicionales mantienen un círculo vicioso con respecto a las distintas áreas de enseñanza de este arte. ¿Cuántos jóvenes desertan anualmente de las escuelas de música? ¿Hasta cuándo se mantiene la falsa filosofía de lo que es tener aptitudes musicales?
Las preguntas mencionadas antes, son tan sólo una de las miles que diariamente se formulan tanto los que se ven impedidos de realizar estudios musicales, como quienes tenemos deseos de innovar en su enseñanza.
En Venezuela, nuestro país. Ahora es cuando se está gestando un verdadero movimiento, la revolución pedagógico-musical.
Este movimiento surgió con la implantación de cursos con nuevas tendencias estilísticas. Así, pues, la vieja escuela se ha visto forzada a complementar (completar) sus cátedras con cursos esporádicos dirigidos a refrescar y actualizar su estatus programático.
Si utilizamos como fuente de apoyo y defensa, la misma historia de la música, nos encontramos en ella con la figura de que los más destacados compositores han recibido más conocimientos informales (no escolásticos) que los que pudieron obtener en un conservatorio de música. ¿Cabría también mencionar, tantos casos de renombrados músicos (instrumentistas así como los compositores) que jamás pisaron las puertas de tan cacareadas escuelas? E igualmente: ¿Cuántos grandes maestros de la música, que hoy colman de gloria sus suelos patrios, iniciaron sus estudios después de los veinte años de edad? ¿No fue acaso su propia casa y familia quienes proporcionaron a Bach una escuela de música? ¿Y qué decir de sus clases magistrales con Buxtehude? Pues bien, sabemos que Bach solo fue a escucharle tocar órgano. ¿Y Debussy? ¿No se jactaba él mismo de lo bien que sonaban los errores de armonía? ¿Y qué decir de Stravinsky? ¿No comenzó a estudiar música ya mayorcito? Y, citando a Bach de nuevo ¿Acaso no hay quienes niegan a muchas de sus obras su genial creación, achacándolas a sus hijos músicos de quienes también se dice le trataban de loco? ¿Y Gershwin? ¿No aprendió a ejecutar música complicada al piano sin profesor alguno? ¡Muchos! ¡Muchos ejemplos podríamos citar! Pero, dejemos atrás esto y enfrasquémonos en el tema que nos ocupa.
La historia de la música venezolana, aparte de tener un origen casi desconocido, teniendo como primeras referencias los comentarios sobre algunos músicos venidos al país durante la conquista y la colonia, deja mucho que desear en cuanto a la continuidad de una estructura progresiva y progresista.
Tan sólo con la Escuela de Chacao podemos apreciar con certeza una agrupación de compositores con lineamientos definidos.
En otras palabras, para muestra, un botón. ¿Sin embargo? ¿De dónde salió Teresa Carreño? ¿Quién la dotó de esa genialidad increíble? ¿No abarcó su genialidad tan solo el arte de la ejecución sino también el de la creación musical?
¡He allí el asunto!
Arribamos al siglo XX. El maestro Sojo con algunos compañeros músicos y unos cuantos jóvenes con deseos de aprender, conforman una escuela de música, un orfeón y hasta una orquesta sinfónica. De ellos está lleno nuestro suelo patrio.
Tuvieron suerte.
Aparte de ser fieles seguidores de los patrones estilísticos impartidos por Sojo, se apoderaron del folklore nacional, creando con él las mil y una obras, hijas de Orfeo, con las que recrean cada instante nuestro venezolanismo. Lauro, Carreño, Sauce, Estévez, los hermanos Castellanos, José. A. Abreu, Blanca Estela y Modesta Bor, Alumnos del maestro Sojo, representan entre otros la herencia muy particular que este mostachudo hombre de sombrero y paraguas legó a Venezuela. Más...
¿Hasta qué punto este movimiento musical continúa aportando eslabones de progreso al país? ¿Cuántos sinsabores se han producido por tales o cuales tendencias estilísticas? Y ¿Por qué estas tendencias están entrañablemente emparentadas con filosofías políticas así se trate de demostrar lo contrario?
Aquí, debemos recordar, que la educación, sea musical o de cualquier otra índole, tiene raíces acentuadas dentro del contexto histórico en la que se encuentra. Y, si a ver vamos, el hecho de que la enseñanza musical venezolana esté estructurada sobre la fuerte base de una nacionalismo musical –romántico para unos, moderno para otros- no debe implicar, y mucho menos obligar a mantener un elitesco status que tanto daño nos hace en cualesquiera de los terrenos en los que se aplique.
Todas estas consideraciones preliminares, tienen un único punto de convergencia: SER ARTISTA ES SER CREADOR, LA ENSEÑANZA DEL ARTE NO PUEDE SER IMPOSITIVA Y MUCHO MENOS MANIPULADORA CON FINES CONTRARIOS A LA TOTAL Y VERDADERA LIBERTAD DEL HOMBRE.
¿Un ejemplo? Bien: ¿Por qué en nuestro país para ser compositor deben realizarse estudios tan largos y en la mayoría de los casos totalmente muertos? ¿Cuántos jóvenes con gran talento creador, por falta de información terminan componiendo música para jinggles o matando tigres? ¿No es esto una muestra de una educación musical caduca? ¿No es un crimen negar conocimientos musicales a quienes lo necesitan, a sabiendas de los positivos logros que se alcanzarán? ¿NO NOS DEMUESTRA ESTO UNA EDUCACIÓN MUSICAL MEDIATIZADA PARA MANTENER UNA ÉLITE EN VÍAS DE DESAPARECER? Sí, desaparecer; porque con las nuevas tendencias musicales, vienen nuevas ideas, nuevos horizontes, nuevos caminos.
¡Ideas! ¡Ideas! ¡Ideas! He allí la respuesta. Citemos los nombres de dos importantísimos compositores internacionales: Krzysztof Penderecki y Luiggi Nono; ambos pertenecen al mundo de la música contemporánea actual, manipulan el mismo material musical y no obstante tienen ideologías político-conceptuales diferentes y también opuestas. Penderecki es el niño mimado del capitalismo y Nono del comunismo.
¿No están los extranjerismos alienantes condenados por Marx? ¿Será Nono un neo marxista? O, mejor dicho ¿Ya no es revisionista? ¿Y Penderecki todo lo contrario? Lo asombroso es la coincidencia que se representa en la música que estos señores componen: MÚSICA DE LA MISMA ÉPOCA, UN MISMO ESTILO Y UN MISMO MATERIAL, etc. (Marx dijo: Nunca des armas a tus enemigos).
O sea, pues, que capitalistas y comunistas se encuentran en igualdad de condiciones para pelear en el terreno del arte; y esto solo para adjudicar el siguiente planteamiento ideológico.
Aterricemos en Venezuela luego de ese viajecito por la historia de la música universal, y retomemos la idea central que nos ocupará unas cuartillas más. Si, la humanidad hoy se encuentra realizando una síntesis continua, donde la ciencia y la tecnología con sus aportes al progreso casi nos impiden diferenciar los dos bloques ideológicos extremos que rigen de una forma u otra a la humanidad, ¿Por qué no aprovechamos estos vastos recursos para aventajarnos también, no solo en la ciencia e industria, sino en las artes, educación, cultura, etc.? Ya no podemos evadir la responsabilidad que tenemos de hacer partícipes a todos nuestros congéneres de los adelantos de la ciencia y el arte.
Ya el problema no es solo de poderío económico sino de poder cultural; y el poder cultural implica pueblos mejor organizados y preparados sea cual fuere el campo de acción a atacar.
Así, dialécticamente, entre el espíritu y la carne, nuestras instituciones culturales y educativas se mantienen erguidas. Los innovadores viven de la nada como los trovadores de la edad media: de balcón en balcón, de feria en feria. Su lucha interna se agudiza en la síntesis diaria, y en su afán de cambiar una sociedad que agoniza poco a poco. Y en ese morir lentamente, la educación informal toma una importancia trascendente: ¡Construir creadores! ¡Hacer de todos los hombres, o artistas o buenos entendedores del arte! ¡Hacer crecer a la gran masa, pues el dinero solo hace crecer al hombre dentro de una escala social (movilidad social) mas no en su ser interior!
En otras palabras, ES MEJOR SER UN CULTO POBRE QUE UN INCULTO RICO. Cuando se piensa en la frase anterior, da risa leer y releer, sobre la DEMOCRACIA SOCIAL, el SOCIALISMO, el HUMANISMO SOCIALISTA, la SOCIAL DEMOCRACIA, la DEMOCRACIA CAPITALISTA, el COMUNISMO, el SOCIALISMO HUMANISTA, y que sabe uno cuantas otras tantas transformaciones del consabido “Demos” y “Krathos” (gobierno del pueblo). A fin de cuentas, la meta de todo sistema político es la verdadera democracia, y la verdadera democracia debe tener como fin primordial mantener al pueblo informado, educado, preparado, culto, puesto a aprender y entender, al día, participando activamente en todo tipo de eventos; que se cambie el conocido:
“PAN Y CIRCO”, por “PARTICIPACIÓN Y LIBROS”, y… ya que estamos finalizando, concluyamos tomando plena y total conciencia de que, todo aprendizaje conlleva a dominar destrezas para su aplicación práctica y que no hay mejor escuela que la vida, y que la vida implica: LIBERTAD DE PENSAR, LIBERTAD DE HABLAR, LIBERTAD DE ACTUAR, LIBERTAD DE CREAR, y sobre todo,
LIBERTAD PLENA DE VIVIR Y APLICAR NUESTRAS VIVENCIAS.
En la música, como en todo. La teoría y la práctica deben ir de la mano.
Los nuevos pedagogos musicales de Venezuela tienen obligatoriamente que revolucionar su mundo interior y permitiendo a sus alumnos seguir adelante, aportando todos nuevas ideas que son y han sido siempre, el alimento generador del progreso humano, pues en un mundo donde no hay libertad de ser, mucho menos la hay de tener. (El poseer sin conciencia es el peor cáncer de la humanidad).
La nueva generación de músicos venezolanos pasará a la historia haciendo un puente para los del mañana, músicos que aprenderán sin egoísmos, sin envidias y sin competencias; a menos que dichas competencias sean las de mejorarse a sí mismos, pues, ganarse a sí mismos será la mejor pelea y su victoria el mejor galardón.
Aprender haciendo, sí, con mística, sí, pero con libertad. Aprender haciendo, futuristas, sí, respetando el pasado porque lo comprendemos, más no porque nos obliguen a ello.
Aprender haciendo, sí, porque del ensayo-error nacieron todas las sistematizaciones que los pedagogos de hoy se jactan de implantar e implementar donde cada quincena les llega su cheque con el salario por su AMOR A LA ENSEÑANZA, y, aprender haciendo, pues es la única manera en la que el hombre de hoy pueda comprender su INHUMANA HUMANIDAD, condición en la que a veces no sabemos si estamos en el infierno, en la tierra o en el mismo cielo.
El aprender /haciendo, ligado a un concienzudo trabajo de investigar el trasfondo ideológico (contexto histórico) de las armas y/o herramientas que se nos otorgan para realizarnos como profesionales en cualquiera rama del acontecer humano, será de notable beneficio para el producto resultante, ya que él representará en mayor o menor grado una SÍNTESIS FUTURISTA si acaso no llega a ser una verdadera PROFECÍA.
¡Cada loco con su tema! ¿Verdad…? Mas, cuando la educación sea totalmente participativa, o en otras palabras, LIBRE Y CREADORA, escucharemos en el vacío del espacio eterno e infinito del universo: ¡DIOS CREÓ AL HOMBRE A SU IMAGEN Y SEMEJANZA, A IMAGEN DE DIOS LO CREO!
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